… yo sé que en tu insigne fuego – de pálpito interior – la luz es inmortal;
y si salamandras de oro te diseñan y esculpen, y próceres de amor gentil te instruyen,
ay, ay si tocases las manos que consuelan y cierran tus párpados tantas, tantas noches;
… uno vive, aquí y ahora, la ansiedad oscura y su tormento, y baja, y entra y late en el torrente de las calles
y el fragor lo invade y difumina, lo atrapa, lo sumerge y esconde del mundo y entre el mundo;
tal es la pequeñez o fatiga, el plegamiento, nuestra desaparición súbita,
ah refugio salvador e intersticial del alma,
hálito fiel que nos sostiene y guarda libres, transitando por los fondos procelosos de este ingente río;
… para mirar es y comprender, para, sin hoces, sin hachas y sin drones, incendiar el aire y producir la fe
del viento en llamas, la compasión ardiendo,
la sed del espíritu,
la paz,
- y, al fin, al fin -
la virtud mística, la tan íntima del agua.