CURRENT POETRY – POESÍA ACTUAL – SIGLOS XX-XXI: Orión de Panthoseas ®

Un amor para toda la vida

Haz clic aquí para descargar el relato completo.

Lee a continuación un extracto de este relato:

 

 

 

… presentía Makola no obstante que un cambio profundo se le estaba operando. Dada la urgente necesidad de seducir a un hombre, se miraba en los reflejos del agua; y para que la seducción fuera abrasiva y la fascinación total adoptaba cuerpos de mujeres hermosas, y, de acuerdo con la moda, copiaba sus artes y gustos y lo guardaba todo para hacerlo revivir en la imaginación. Sólo así se le abriría la posibilidad de amar eternamente y ser amada. ¡ Amar a un solo hombre y ser amada por él para toda la vida…! se decía innumerables veces al día y  por las noches sin contención alguna. Este suspiro, mezcla de clamor y certeza, solía exhalarlo con toda intensidad sobre todo al atardecer, cuando el ocaso del sol pega contra los árboles y los acantilados y los hombres reflejan la luz de quienes son, esa luz que a las sirenas les da la identidad de los mortales y por eso saben de ellos y por eso los conocen.
El día que Makola descubrió a Enrique se quedó prendada, fascinada, muda. Durante un rato no se removió en el agua ni se hizo notar, ni siquiera produjo el clásico y leve  aleteo que provoca en las sirenas la inquietud amorosa, pues la alegría se le hizo y expresó tan grande y tan de pronto, que la enervó y se quedó mirándolo fija y largamente entrañándolo con insistencia, pues en aquel instante se apropió de su imagen, del ritmo de sus ojos y de la armonía de su aliento. Y asimismo decidió que Enrique era suyo, estuvo completamente segura de que la amaría y le pertenecería por toda la eternidad.
Al darse cuenta de que el hombre elegido se había ido, Makola se sumergió y se fue. Pero ese día, mientras se iba, lo hizo deteniéndose a trechos para rememorar su imagen y gozarla con plenitud. No satisfecha con ello, la movilizó a su gusto, la dotó de vida y sentimiento y en su celo amoroso le exigió demostraciones sublimes de amor.
Así, pues, una vez efectuada la elección, decidió actualizar con urgencia sus adormecidos poderes. A tal fin, acudió a las arpías, que habitaban un vertedero venenoso en el mar, y les demandó sus más preciadas pócimas, aquellas que en un santiamén fueran capaces de tornarla en símil perfecto de la mujer que eligiera imitar. Las cuatro arpías, de caras angulosas, arrugadas y horribles – cúmulo de vejez y mal – apartando de sí las serpientes y alacranes marinos que cubrían sus caras, sus vientres y manos, durante tres lunas le dieron bebedizos, pasmos y filtros poderosos, de todo punto propicios para poder imitar el cuerpo y modales exactos de cualquier mujer y de forma instantánea obtener un vendaval de amor.
Tan complacida se hallaba con su poder, que lo probó y comprobó mil veces y, con tanta efectividad, que la proyectaba a un gozo e ilusión sin límites. Un día…

[… presentía Makola no obstante que un cambio profundo se le estaba operando. Dada la urgente necesidad de seducir a un hombre, se miraba en los reflejos del agua; y para que la seducción fuera abrasiva y la fascinación total adoptaba cuerpos de mujeres hermosas, y, de acuerdo con la moda, copiaba sus artes y gustos y lo guardaba todo para hacerlo revivir en la imaginación. Sólo así se le abriría la posibilidad de amar eternamente y ser amada. ¡ Amar a un solo hombre y ser amada por él para toda la vida…! se decía innumerables veces al día y  por las noches sin contención alguna. Este suspiro, mezcla de clamor y certeza, solía exhalarlo con toda intensidad sobre todo al atardecer, cuando el ocaso del sol pega contra los árboles y los acantilados y los hombres reflejan la luz de quienes son, esa luz que a las sirenas les da la identidad de los mortales y por eso saben de ellos y por eso los conocen.

El día que Makola descubrió a Enrique se quedó prendada, fascinada, muda. Durante un rato no se removió en el agua ni se hizo notar, ni siquiera produjo el clásico y leve  aleteo que provoca en las sirenas la inquietud amorosa, pues la alegría se le hizo y expresó tan grande y tan de pronto, que la enervó y se quedó mirándolo fija y largamente entrañándolo con insistencia, pues en aquel instante se apropió de su imagen, del ritmo de sus ojos y de la armonía de su aliento. Y asimismo decidió que Enrique era suyo, estuvo completamente segura de que la amaría y le pertenecería por toda la eternidad.

Al darse cuenta de que el hombre elegido se había ido, Makola se sumergió y se fue. Pero, ese día, se fue deteniendo a trechos para rememorar su imagen y gozarla con plenitud. No satisfecha con ello, la movilizó a su gusto, la dotó de vida y sentimiento y en su celo amoroso le exigió demostraciones sublimes de amor.

Así, pues, una vez efectuada la elección, decidió actualizar con urgencia sus adormecidos poderes. A tal fin, acudió a las arpías, que habitaban un vertedero venenoso en el mar, y les demandó sus más preciadas pócimas, aquellas que en un santiamén fueran capaces de tornarla en símil perfecto de la mujer que eligiera imitar. Las cuatro arpías, de caras angulosas, arrugadas y horribles – cúmulo de vejez y mal – apartando de sí las serpientes y alacranes marinos que cubrían sus caras, sus vientres y manos, durante tres lunas le dieron bebedizos, pasmos y filtros poderosos, de todo punto propicios para poder imitar el cuerpo y modales exactos de cualquier mujer y de forma instantánea obtener un vendaval de amor.

Tan complacida se hallaba con su poder, que lo probó y comprobó mil veces y, con tanta efectividad, que la proyectaba a un gozo e ilusión sin límites. Un día…]

 

1 comentario »

  1. Me impresionó mucho este relato, algunos amores no admiten réplica ni ausencia.El pájaro canta hasta morir…decía Ralph cuando ilustraba el corazón que perece en nombre del dolor que le otorga significado.

    La causalidad determina que naciera yo un 31 de julio…

    Enhorabuena!

    Hallie

    Comentario por Hallie — 25/11/07 @ 1:51 am | Responder


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