CURRENT POETRY – POESÍA ACTUAL – SIGLOS XX-XXI: Orión de Panthoseas ®

La perfección

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Lee a continuación un extracto de este relato:

Agotados los resquicios de búsqueda, los comisionados para África frenaron bruscamente el todoterreno.
.- Mujer – le dijo una comisionada desde el auto al llegar a su altura – ¿ nos oirías un momento…?
La mujer del serón y la cuerda al hombro se detuvo. Los comisionados bajaron del vehículo y se acercaron rodeándola con pasmo y deleite, pues reconocían la extraña perfección de la mujer hallada de manera tan imprevista. Sin embargo, ante el silencio y gesto interrogante de ella, otro comisionado continuó:
.- Señora o señorita ¿ querría usted perdonarnos…? – pues eran educados.
Y comprendieron que la mujer, impasible y sin miedo alguno, permitía que le explicaran – porque no lo conocía – el plan mundial para la concepción y nacimiento de Victoria. Una vez que el comisionado calló, la mujer hermosa bajó la vista y la posó en sus propios pies, como si en silencio escrutara qué podría hacer entre el polvo y las piedras por el mundo. Viendo que no respondía, el mismo comisionado la urgió:
.- Por favor ¿ nos entiende, habla usted nuestra lengua, nuestras lenguas ? por lo que se dirigió a ella ahora en el habla de los hombres-pantera.
Pero ella, levantando levemente la barbilla, mirándolos con serenidad, en lengua de hombres-dioses respondió únicamente:
.- Probad.
Y enseguida, afanosos, se pusieron a pesarla, a medirle la forma y a continuación a hacerle las pruebas del carácter. E impresionados dijeron que todo era exacto y que en todo lo examinado había exquisita perfección, por lo que al terminar se sonrieron mutuamente y se sintieron felices, inenarrablemente felices. Serían acreedores al honor de haber hallado el resumen, la labor, la síntesis del tiempo, cual era haber coronado con éxito el plan creador más sublime y audaz llevado a cabo jamás. Serían famosos, serían recordados, sus nombres quedarían por siempre en los anales más insignes y honrosos de la historia de la humanidad.
… sin embargo, en ese mismo instante de júbilo y felicidad, una cobra escondida salió del serón de la mujer perfecta, cayó al suelo y le mordió en un pie. Locos de horror y desesperación los comisionados sacaron sus fusiles, sus machetes y pistolas, mataron a la cobra y de inmediato se dispusieron a curar y proteger con antídotos y remedios diversos la vida de la mujer-esperanza. Pero ella, contemplándose el pie herido, con sosiego y sin soltar la cuerda de sus pertenencias, exclamó:
.- Aceptaré a Victoria con una sola condición: que una vez recibida en mí, me dejéis seguir buscando la causa del dolor.
.- ¡ Oh mujer ! ¿de qué causa hablas, de qué dolor… ? Tu hija será perfecta, la única perfecta… – le dijeron con precipitación una y otra vez asustados, temiendo por la felicidad de Victoria y el porvenir del mundo -. Pero, dinos ¿ en qué consiste esa causa y ese dolor que buscas, mujer…? volvieron a insistirle con impaciencia y ansiedad extremas.
Y ella, entonces, se lo explicó con la mirada. Sin embargo, ellos, absortos en los ojos de la mujer, ni siquiera vieron cómo aves de nieve cubrían el rubor de las cumbres, no vieron cómo caía la tarde-noche por un terraplén de brasas ni vieron emerger guerreros con lanzas que perseguían y ensartaban trozos de oscuridad echándosela a la espalda. Los hombres y mujeres comisionados por el conocimiento no lo vieron. No lograron siquiera ver cómo la mujer herida y hermosa se marchaba a través de aquél ingente mar de polvo, ceniza y cobre.
Cuando consiguieron reaccionar, todos, sucesivamente, coincidían en haber sufrido…

[… abatidos ante el hallazgo imposible, y yendo ya de vuelta varios miembros de la Comisión para África a lo largo de interminables y áridos pedregales somalíes, héteme aquí que ven venir de frente a una mujer descalza, sin edad y hermosa, la cual llevaba arrastrando sobre el polvo y las piedras un serón de esparto, lleno de naderías, del cual tiraba con una cuerda al hombro. En ese instante, configurando las horas, la tarde se situaba a espaldas de la mujer y cubría los montes sobre que caía de rojos y violetas; podían verse pasar manadas veloces de ciervos por las cercanías en dirección a aquel resplandor último; y por el aire, fulgiendo y en bandadas, aves de infinitos colores se transformaban en reflejos previos o insertos ya en el anochecer.

Agotados los resquicios de búsqueda, los comisionados para África frenaron bruscamente el todoterreno.

.- Mujer – le dijo una comisionada desde el auto al llegar a su altura – ¿ nos oirías un momento…?

La mujer del serón y la cuerda al hombro se detuvo. Los comisionados bajaron del vehículo y se acercaron rodeándola con pasmo y deleite, pues reconocían la extraña perfección de la mujer hallada de manera tan imprevista. Sin embargo, ante el silencio y gesto interrogante de ella, otro comisionado continuó:

.- Señora o señorita ¿ querría usted perdonarnos…? – pues eran educados.

Y comprendieron que la mujer, impasible y sin miedo alguno, permitía que le explicaran – porque no lo conocía – el plan mundial para la concepción y nacimiento de Victoria. Una vez que el comisionado calló, la mujer hermosa bajó la vista y la posó en sus propios pies, como si en silencio escrutara qué podría hacer entre el polvo y las piedras por el mundo. Viendo que no respondía, el mismo comisionado la urgió:

.- Por favor ¿ nos entiende, habla usted nuestra lengua, nuestras lenguas ? por lo que se dirigió a ella ahora en el habla de los hombres-pantera.

Pero ella, levantando levemente la barbilla, mirándolos con serenidad, en lengua de hombres-dioses respondió únicamente:

.- Probad.

Y enseguida, afanosos, se pusieron a pesarla, a medirle la forma y a continuación a hacerle las pruebas del carácter. E impresionados dijeron que todo era exacto y que en todo lo examinado había exquisita perfección, por lo que al terminar se sonrieron mutuamente y se sintieron felices, inenarrablemente felices. Serían acreedores al honor de haber hallado el resumen, la labor, la síntesis del tiempo, cual era haber coronado con éxito el plan creador más sublime y audaz llevado a cabo jamás. Serían famosos, serían recordados, sus nombres quedarían por siempre en los anales más insignes y honrosos de la historia de la humanidad.

… sin embargo, en ese mismo instante de júbilo y felicidad, una cobra escondida salió del serón de la mujer perfecta, cayó al suelo y le mordió en un pie. Locos de horror y desesperación los comisionados sacaron sus fusiles, sus machetes y pistolas, mataron a la cobra y de inmediato se dispusieron a curar y proteger con antídotos y remedios diversos la vida de la mujer-esperanza. Pero ella, contemplándose el pie herido, con sosiego y sin soltar la cuerda de sus pertenencias, exclamó:

.- Aceptaré a Victoria con una sola condición: que una vez recibida en mí, me dejéis seguir buscando la causa del dolor.

.- ¡ Oh mujer ! ¿de qué causa hablas, de qué dolor… ? Tu hija será perfecta, la única perfecta… – le dijeron con precipitación una y otra vez asustados, temiendo por la felicidad de Victoria y el porvenir del mundo -. Pero, dinos ¿ en qué consiste esa causa y ese dolor que buscas, mujer…? volvieron a insistirle con impaciencia y ansiedad extremas.

Y ella, entonces, se lo explicó con la mirada. Sin embargo, ellos, absortos en los ojos de la mujer, ni siquiera vieron cómo aves de nieve cubrían el rubor de las cumbres, no vieron cómo caía la tarde-noche por un terraplén de brasas ni vieron emerger guerreros con lanzas que perseguían y ensartaban trozos de oscuridad echándosela a la espalda. Los hombres y mujeres comisionados por el conocimiento no lo vieron. No lograron siquiera ver cómo la mujer herida y hermosa se marchaba a través de aquél ingente mar de polvo, ceniza y cobre.

Cuando consiguieron reaccionar, todos, sucesivamente, coincidían en haber sufrido…]

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