CURRENT POETRY – POESÍA ACTUAL – SIGLOS XX-XXI: Orión de Panthoseas ®

De la saga de los Enedinos

 Haz clic aquí para descargar el relato completo.

 

Lee a continuación un extracto de este relato:

… al saberlo, Enedino no esperó. Al día siguiente, al terminar la faena, ya a los flecos de un sol de marzo bajo y descarriado por plantíos y cumbres de los tesos cercanos, se lavó exhaustivamente como si acto seguido fuera a casarse, de pies a cabeza se llenó de jabón en un recodo del río, se restregó las uñas y se sacó de las yemas de los dedos las penetraciones negras del oficio a base de rallárselas con trozos de palillos de dientes y piedra pómez. Al bamboleo de un espejo roto que guardaba de años y que colgó del tronco de un palo seco se afeitó, se miró por última vez temblándole la mano con la navaja barbera en alto, y se marchó para casa helado y acordándose de su madre con lo poco de memoria que le quedaba de ella. ¡ La vida… ! exclamó en alto para oírse y darse valor, y porque iba solo y nadie podía oírlo. De su padre se acordaba menos. Había sido buhonero y mercachifle, afilador y lo que se terciara al día, siempre a vueltas con el ron y el tabaco por caminos que, por fin, y de mala manera – pensaba – se le habían terminado. Recordó, en cambio, con cariño a Salina, Salinica, su hermana, que no sabía dónde podría estar ahora porque con doce años, y viajando con su padre, la dejó por un pueblo de no sabía dónde ni con quién, y tampoco nadie, desde entonces, había dicho nada acerca de por qué ni para qué.

[… al saberlo, Enedino no esperó. Al día siguiente, al terminar la faena, ya a los flecos de un sol de marzo bajo y descarriado por plantíos y cumbres de los tesos cercanos, se lavó exhaustivamente como si acto seguido fuera a casarse, de pies a cabeza se llenó de jabón en un recodo del río, se restregó las uñas y se sacó de las yemas de los dedos las penetraciones negras del oficio a base de rallárselas con trozos de palillos de dientes y piedra pómez. Al bamboleo de un espejo roto que guardaba de años y que colgó del tronco de un palo seco se afeitó, se miró por última vez temblándole la mano con la navaja barbera en alto, y se marchó para casa helado y acordándose de su madre con lo poco de memoria que le quedaba de ella. ¡ La vida… ! exclamó en alto para oírse y darse valor, y porque iba solo y nadie podía oírlo. De su padre se acordaba menos. Había sido buhonero y mercachifle, afilador y lo que se terciara al día, siempre a vueltas con el ron y el tabaco por caminos que, por fin, y de mala manera – pensaba – se le habían terminado. Recordó, en cambio, con cariño a Salina, Salinica, su hermana, que no sabía dónde podría estar ahora porque con doce años, y viajando con su padre, la dejó por un pueblo de no sabía dónde ni con quién, y tampoco nadie, desde entonces, había dicho nada acerca de por qué ni para qué.

… pero Rosario sí que estaba allí. Entre escalofríos pensó que qué cosas tiene la vida, que de no venir a Gerome, quién sabe, pero que igual tendría que andar de espantajo por los restos y morirse de asmas, porquerías y empeños, o como su padre: de antruejo por la vida, sin atinar en nada de nada ni en ninguna parte. Por lo menos – se insistió – iría a ver al tió Tomás, le hablaría – qué coño, y lo pronunció aún con más fuerza – de hombre a hombre mirándolo a la cara, así sabría el tió Tomás que también él era un hombre y que llevaba buenas intenciones a pesar de no tener para mucho ni paradero fijo. Le diría que, aunque fuera mulero por el momento, en adelante se haría lo que Rosario dijera, que a fin de cuentas sería la que iba a ministrarle todo, si es qué, claro, el día de mañana; y le diría además también que él sabía trastear un poco en todo, porque algo traía de oídas de gentes de saber y de mundo. Volvió a pensar con desasosiego que de bienes poco le podía decir pues no tenía casa propia ni…; y como un poso de fantasmas dándole vueltas por la imaginación, recordó la efigie de unos cuantos duros que guardaba como el beril en el entreforro de la maleta para casos de extremada necesidad y urgencia.

… en el camino de vuelta, con las manos en los bolsillos, apretó los brazos contra los costados para darse calor porque empezaron a castañetearle las muelas y los dientes. Íntimamente le cruzó el sentimiento de que no era muy fuerte, pero ya estaba acostumbrado, por lo que enseguida lo compensó con la conmiseración y lástima que desde hacía tiempo tenía acerca de su propia medida en todo, asumido lo cual, caminó resignado con los pasos más cortos, las piernas juntas y algo encogido, eludiendo la brisa heladora y zumbona que le pegaba de frente y a veces de lado, la que imaginó formándole remolinos y riscos invisibles por debajo de la barbilla y alrededor del cuello dado lo mal que venía. Al acercarse a las primeras casas, no pudo evitar quitarse con la punta de los dedos un par de lágrimas de las que no quiso saber si lo serían o no o, en caso, por qué se le soltaban; a lo mejor – pensó y se dijo – sólo es aguaíza de ésa que levanta el aire, frío que le enrojecía y alborotaba los ojos. Sin embargo, de golpe y sin esperarlo, sintió en la garganta y el pecho el oprobio seco de la tristeza por su evidente abandono en momento así, y por no ser nada ni nadie y se iba a casar. Luego, entre un suspiro hondo y la visión desoladora que obtuvo al mirar la inmensa extensión del prado, absolutamente desierto, hizo que se echara la vista dentro y, sin remedio, contemplara las escasas y miserables huellas de su vida con estremecedora claridad y desolación.]

2 comentarios »

  1. […] Seguir leyendo […]

    Pingback por De la saga de los Enedinos « SIGLO XXI-POESÍA: Orión de Panthoseas ® — 19/02/09 @ 10:09 am | Responder

  2. Buenísimo…Además atrapa en su lectura.

    Unbeso.

    Comentario por Sakkarah — 02/04/09 @ 12:13 pm | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.