CURRENT POETRY – POESÍA ACTUAL – SIGLOS XX-XXI: Orión de Panthoseas ®

CON EL ALA PARTIDA

… tiene lugar en un piso en el que conviven varios estudiantes. Son las 11 de un viernes-noche. En el interior se encuentra Fernando en batín y en zapatillas, retirando los cacharros de que se ha servido para cenar. Suena el timbre de la puerta de entrada. Tranquilamente, se dirige a la puerta y abre. Es Tito.

Tito –          ¡ Hola…! ( Exclama al verlo) Pero… ¿ todavía así ? ¿ Y los demás ?

Fernando – ( Con tranquilidad) ¡ Hola ! Se han marchado. (Cierra la puerta y ambos amigos quedan

frente a la frente, Fernando con los pulgares introducidos entre el cinturón del batín)

Tito –          Pero ¿ qué pasa ? ¿ Es que no vas a salir, o estás enfermo ? ¿ Te pasa algo…?

Fernando-  (En idéntica postura) Nada. Aunque posiblemente hoy sea, después de mucho tiempo, la

primera vez que me encuentre perfectamente bien, bien del todo.

Tito –          (Mirándolo con incredulidad y asombro) Pero ¿ qué dices ? ( Se acerca a Fernando para

olerle) ¡ Y no has bebido ! Además no has ido ni siquiera a cenar… Has cenado aquí.

Fernando – (Yéndose hacia la cocina) Terminaba, terminaba cuando has llamado. ¿ Tú has cenado ?

Tito –          Toma, naturalmente. Han puesto de segundo un pollo frito con patatas fabuloso. Me he

puesto de miedo. ( Pausa en la que se sienta en un sillón dejándose caer. Luego se incli-

na descubriendo algunos textos de Derecho sobre la mesita e inmediatamente se levanta,

dirigiéndose con paso rápido a la cocina. Fernando cerraba una portilla del armario. Tito

sigue desconcertado, no sin observar antes y en silencio la calma y naturalidad absurda

de su amigo, preguntándole en tono bajo) ¿ Estás cabreado por algo ?

Fernando –  ( Con sonrisa abierta pero dominando la situación) Querido Tito, como ya te he dicho,

nunca me he encontrado mejor, nunca he estado menos enfadado y además contigo.

Tito –          ¿ Con quién, entonces ?

Fernando –  Pues conmigo, sólo conmigo. Anda, vámonos ahí fuera. Ah, espera ( Abriendo el

frigorífico, sacando una botella de champagne y recogiendo seguidamente dos vasos del

armario)

Hala, vámonos ( Tito, confundido, lo sigue sin dar crédito a todo aquello. Caminando

hacia la sala, lo hace tanto adelantándolo como quedándose atrás. Fernando llega y se

sienta) ¿ Quieres brindar…?

Tito –          ¿ Brindar ? ¿ Por qué ?¿ Algo nuevo que pueda merecer tanto la pena ?

Fernando –   (Chascando los dedos y removiendo alegremente el cuerpo de un lado a otro)

Justamente, eso es. Siempre he creído que eras superinteligente  (Levantando el índice,

sonriéndose y poniéndose a descorchar)

Tito –            ¿ Es que la esperas aquí…? Si es así, vuelo, me esfumo.

Fernando –    (Sonríe con satisfacción al tiempo que salta el corcho y echa en los vasos) Ni ha-

blar. Tómate  esto, que tal vez te ayude a comprender que no se trata de una mujer.

Tito –             ( Con mueca de fastidio) Pero ¿ qué es esto…? A mí no me engañas. Quedamos para

irnos hace media hora y resulta que cenas en casa, tengo que venir a buscarte y luego

veo que ni estás preparado ni pareces tener ganas de pirártelas. No, y es que

sacas una botella de champagne para brindar por no sé qué, que no es una tía… (Coge

el vaso, lo levanta a mucha altura y brinda) : Por no sé qué y por esta noche de viernes

que merece del todo ser de puto lunes ( Bebiendo con vehemencia socarrona)

Fernando –   ( Sonriendo) ¡ Por ella ! (Y bebe)

Tito –            Que me maten si…

Fernando –   ( Dejando el vaso, levantándose, y dirigiéndose a la habitación. En el trayecto, dice): Me

su pongo que no te importará acompañar el champagne con un purito habano ¿ no…?

( Ofreciéndoselo)

Tito –            Madre mía, pero… ¿ qué ocurre hoy, Fernando ? Dime, dime de qué viene este rollo,

tío, al menos…

Fernando –     (Sentándose en el butacón y apoyando los pies sobre la mesita. Coge el encendedor,

prende fuego al habano y exhala una fuerte porción de humo. Luego encoge el rostro,

lo distorsiona, y): Tito, hoy no espero a ninguna tía, te lo juro. Hoy te he fallado, hoy

no salgo de casa (Tito hace esfuerzos para encajar aquella situación., intentando física

y mentalmente acomodarse a  las circunstancias)

Tito –           Bueno, bueno, pero…, no…, no…, yo  no veo…, no velo la razón, por qué es esto.

Así, de pronto, este cambio…, tan repentino… Me parece absurdo. No sé.

Fernando –    Anda. Sírvete más champagne, que no tiene que quedar ni gota. Y aunque te pueda

parecer mentira, el asunto merece la pena. Porque, efectivamente, lo has visto (mirando

fijamente a Tito) sí señor, ha sido un cambio repentino.

Tito –            ( Casi en voz baja) Oye ¿ vas a dejar la carrera…? ¿ O te vas a algún otro sitio ? ¿ o

acaso es un cambio… ( Tocándose el corazón y seguidamente la sien izquierda)

Fernando –    ( Afirmando primeramente con la cabeza) Creo que es lo último. ( Sigue mirando

mirando a Tito en espera de su reacción)

Tito –            No me digas que… ¿ Qué te ha pasado? Coño, no me fastidies. A ti te ha ocurrido algo,

algo inesperado y muy gordo. Qué ha sido, tío, vamos ya, coño…

Fernando –   ( Removiendo los pies sobre la mesa) Ni yo mismo lo sé. Diría que me ha cogido

por sorpresa, de golpe. Creo que, desde esta tarde veo las cosas de distinta forma,

me veo distinto. ( Con cierta exaltación) ¿ Comprendes ?  ( Pausa y transición )

Y es que, de pronto, lo he visto todo, me he visto a  mí mismo y a la larga, y me he dado

asco en cada paso que he dado en estos cinco años;  no sé, en cada palabra que he dicho,

en cada beso. Y aunque no lo creas, aunque no quería, me daba asco al recordarme.

Y eso es todo, Titín.

Tito –          ( Tímido y dubitativo) No sé qué decirte, la verdad. Y no sé de qué te quejas tú. Es-

tudiando eres el mejor de la Facultad; todos  acuden a ti, todos quieren escucharte;

todo el mundo te admira y envidia. Bueno, y no sólo eso: eres el mejor al futbol, al rug-

by, al ajedrez… Fernando, las chicas se vuelven locas sólo con mirarlas. Tu vida es

completa. Todo lo que tocas…

Fernando – ( Con desanimo) ¡ Completa, eh…! Completa la creía yo. Completa hasta hoy, hasta

hace un rato (Pequeña pausa y transición) Tú, Tito, eres mi mejor amigo, joven, pero el

mejor. Conoces mi historia más o menos; sabes que me vine del Colegio Mayor para vivir

en absoluta libertad, para hacer y deshacer a mi antojo, vamos, todo un capricho. Y

sí, lo he hecho. (Pausa pequeña) Fiestas, juegos, chicas, drogas incluso…, y vicio.

Porque todo no ha sido más que vicio. Y lo malo es que a ti, que  llegaste de provincias,

te hecho con el mismo molde.

Tito –        No estoy de acuerdo. ¿ Y mi carrera, no va bien…? Durante todo el bachiller saqué unas

notas horrorosas, de estudiante vulgarote, rastrero, diría. ¿ Y a quién se lo debo ?

¿ A mi voluntad ? No, A ti, que te veía encumbrado sobre todos. Seguramente fuera envi-

dia, pero muchas veces fuiste tú quien me ordenó: ¡ estudia ahora ! (Pausa) ¿ Es que

no recuerdas este pequeño detalle ?

Fernando –( Mirando a Tito abiertamente) ¿ Y a dónde íbamos a ir ahora sino con dos golfas como

nosotros y otras y otros golfos más a fumar y snifar lo que se pillara y a inventarnos

noches y asquerosidades de viernes y sábado. La misma porquería que fabrican

tantos y tantos que conocemos. ¿ Y esto, no te lo enseñé acaso yo ? Tito, has reunido

demasiada experiencia en muy poco tiempo, y eso se parece mucho a morir apuñalado por

uno mismo si el alma se le hace rápidamente vieja.

Tito –         Bueno, en todo caso, al menos, espero que me sirva de algo.

Fernando – ¿ Y vivir sin una maldita ilusión, algo realmente nuevo ? ¡ Oh, no ! Escucha esto:

Cuando alguien conoce la vida de arriba abajo, cuando uno toca con las manos todas las

formas y todas las sustancias, cuando ha bebido y se ha embriagado hasta atiborrarse,

entonces  se hastía también de todo y todo le aburre porque todo le parece igual.

¿ Y sabes ? Ahí ha muerto. Ya lo pueden enterrar. Ya no les necesario vivir, stop.

( Echa champagne de nuevo en los vasos, tomando el suyo y sentándose)

Tito –        Tú no puedes acusarte. Para mí, y no sólo para mí, sino para los demás, eres el proto-

tipo de hoy, de la gente actual. Tú trabajas y te diviertes. Si te vuelves atrás, créeme,

muchos van a sentirse decepcionados.

Fernando – ¿ Decepcionados, dices…? Es  increíble que esa decepción pueda darse, pero si así

fuera, algunos también podrían preguntarse acerca del por qué y eso sería valioso. Y por

otro lado, no creo que me vaya a costar tanto amoldarme. Tú todavía no has tenido tiempo

de sentirte mal, mal, de notar como una carcoma que sin saber de dónde viene ni de

donde nace, te hace infeliz, te hace sentirte como un perro…, y, eso, aunque tengas todo

y todo lo apures. Dime, Tito ¿ tú sabes de dónde viene, puedes encontrar otro origen ?

Sal esta noche, vuelve ya de día y tal vez me despiertes para decirme cómo es, qué te

produce, ah, pero que no tienes fiebre.

Tito –       ( Se levanta, se dirige a la ventana y contempla la calle) Aquí me he sentido feliz.

Tú  me has dotado de suficientes cosas como para vadear bastante bien cualquier paso.

Y estoy seguro de que, algún día, podré aprovecharme de ellas.

Fernando – Exacto. Precisamente a costa de esas cosas yo he logrado no estar huyendo de Madrid.

Pensé marcharme a otra universidad…, a  una  ciudad pequeña…, tal vez Santiago, me

había dicho; vamos, donde el aire fuera más puro y respirable. Sin embargo, he llegado

a la conclusión de que no debo huir. Para mí sería mortal; huiría de mí mismo y nunca

estaría lo suficientemente lejos. (Transición) En este momento es vital que me comprendas.

Perdona, Tito, no sólo eres mi mejor amigo, eres mi desahogo.

Tito –      No te será fácil tal y como te proyectas, Fernando. Un cambio tan tajante, tan brusco…

Te resultará difícil abandonar.

Fernando –Lo que intento no es abandonar ni volver atrás, sino salvar algo del pasado. (Pausa peque-

ña) Y aunque desconozco la lucha para poder afrontarla, tengo que ganar. Necesito el

triunfo, no puedo quedarme, de ninguna manera, en la estacada.

Tito –        ( Se acerca  a Fernando, quedando frente a él, de pie) Ese desasosiego o esa apatía

o como tú lo llames ¿ le ocurre o le llega a ocurrir a todo el mundo ?

Fernando – Llevamos juntos dos años, pero ¿ nunca te has sentido de forma inexplicable triste

y estés donde estés y como estés ?

Tito –         ( Baja la mirada al tiempo que toca la boca de la botella.  Luego mira a Fernando)

Sí, es  posible. Sí.

Fernando –   Me pregunto a cuantos le sucede esto y a cuantos he llevado yo a esto ( Estrujando el ci-

garro contra el cenicero)

Tito –           Recuerda, recuerda que sigues siendo el mejor.

Fernando –   ( Con gesto de impotencia) Ojalá…

Tito –           Podrás, no te quepa la menor duda. ( Con la mano izquierda en el bolsillo se acerca a la

pared del fondo; de espalda, contempla una reproducción en serigrafía de “La maja

desnuda”) Esa mujer podría haber sido mi madre ( Y lanza el cigarro con rabia contra la

pared, volviéndose hacia Fernando)

Fernando – Y la querrías porque era tu madre.

Tito –         (Expirando fuertemente) Tal vez me mate sólo con pensarlo (Pausa y transición)

Fernando –  Tito, el lunes voy a sugerirle a una chica si querría ser mi novia.

Tito –           ( Exaltado) ¿ Cómo…? ¿ Has dicho sugerírselo? ( Pausa. Luego con absoluta serenidad)

¡ Claro ! ( Pequeña pausa) ¿ La conozco ?

Fernando –   Creo que no.

Tito –          Es decir, que no es de este círculo polar.

Fernando –  Está cerca del círculo y quiero evitar su entrada. La he visto dos veces cerca de la

Facultad y no era timidez lo que vi, era…, es, mejor dicho, o me pareció, todo lo que esta

noche me impide salir de casa. Ella… Yo sé que ella me ha mirado de lejos y ha temido

por mí. (Tratando de sonreír, con esfuerzo) No es  guapa ¿ sabes…? Pero ella…

Tito –         ( Levantándose al tiempo que comienza a despojarse de la chaqueta en dirección a la

habitación; antes de llegar a la puerta se detiene, se vuelve y contesta:)  Sí, Fernando,

te comprendo y, como siempre, también, también esta noche has ganado.

= = =

1 comentario »

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