SIGLO XXI-POESÍA: Orión de Panthoseas ®

Carta africana

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Lee a continuación un extracto de este relato:


María, cariño: te estoy escribiendo esta carta sobre una piedra lisa que tenemos a la puerta de la cabaña mientras los gamos, asustados, corren por la falda del monte y las nubes marchan ladera arriba hasta el cielo y se tiñen de púrpura, porque el mundo, María, cuando se pone así, parece que se prendiera y ardiera entre esta luz violeta, tan extraña y hermosa.
En este instante Aidoro ha ido a por un feje de palos al cauce del río y Shaína duerme en el lecho de hojas de maíz molidas que perteneció  a nuestra  madre. Por eso puedo escribir, porque estoy solo. El río ¿ sabes ? no se encuentra lejos, y a pesar de que los libros dicen que no es un río muy grande, siempre coge arrastres que luego, cuando baja la marea o las crecidas, los deja sobre los cantos de las orillas, por los verdines. Entonces cogemos los palos abandonados y son nuestros.
Aidoro tardará por lo menos dos horas o más en volver. Anda muy despacio y tengo que reñirlo para que me obedezca y no tarde en hacer las cosas. Pero Sahína no es así. Sahína es menuda y, como tiene seis años, le gusta gritar y gritar para impresionarme; pero yo ya lo sé y le cojo las manos y la subo en el aire como a un cachorrillo. Así se calla y me obedece.

[María, cariño: te estoy escribiendo esta carta sobre una piedra lisa que tenemos a la puerta de la cabaña mientras los gamos, asustados, corren por la falda del monte y las nubes marchan ladera arriba hasta el cielo y se tiñen de púrpura, porque el mundo, María, cuando se pone así, parece que se prendiera y ardiera entre esta luz violeta, tan extraña y hermosa.

En este instante Aidoro ha ido a por un feje de palos al cauce del río y Shaína duerme en el lecho de hojas de maíz molidas que perteneció  a nuestra  madre. Por eso puedo escribir, porque estoy solo. El río ¿ sabes ? no se encuentra lejos, y a pesar de que los libros dicen que no es un río muy grande, siempre coge arrastres que luego, cuando baja la marea o las crecidas, los deja sobre los cantos de las orillas, por los verdines. Entonces cogemos los palos abandonados y son nuestros.

Aidoro tardará por lo menos dos horas o más en volver. Anda muy despacio y tengo que reñirlo para que me obedezca y no tarde en hacer las cosas. Pero Sahína no es así. Sahína es menuda y, como tiene seis años, le gusta gritar y gritar para impresionarme; pero yo ya lo sé y le cojo las manos y la subo en el aire como a un cachorrillo. Así se calla y me obedece.]

1 comentario »

  1. Un precioso relato, amigo. Una denuncia también de la indiferencia con que los países del Norte miran lo que sucede al Sur. También muestra la crueldad humana, el instinto depredador de la especie, que destruye a sus congéneres.
    Me ha gustado mucho tu blog, al que llego desde el foro de la Bienal, y puedes estar seguro que volveré.
    Saludos.

    comentario por Juan Pan — 19/11/08 @ 7:01 pm | Responder


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