… sufres, pueblo mío,
pues tu carne es carne de calle acordonada,
un ir y venir y un luchar, un instar la verdad que nadie trajo y no tuviste nunca;
… y es que, aunque triste sea decirlo, por triste y necesario,
el amor de la casa irradia y se hace grande cuando salta, corre o brilla
una gota de sangre en el asfalto o el pretil de la escalera;
perdón, perdón, pueblo mío, pues tu corazón, tus ojos y boca son toda mi justicia,
y, sin embargo, yo ansío un pacto de paz con mi vecino;
… es urgente otra voz por estas plazas, el salario en el bolsillo,
y un grito de alegría con que esta juventud combata y venza la hediondez, el hielo y el silencio;
… mi pueblo se estremece, y, adentrarse en la noche, no, no implica una victoria,
sino velar y velar, y, entre horror y gritos, temer y resistir,
buscar la luz,
y resucitar el día.